viernes, 8 de octubre de 2010

Cuando en tardes que sobran las palabras y el día
sólo somos tú y yo, cada cual con su espera
y sin embargo atados en la misma carrera,
en el afán de luz, en la oscura alegría;

cuando nada se entiende sino en tu compañía
que le pone a los pasos un eco de bandera,
cuando ya todo el sueño se curva en tu cadera
y sólo en ella crecen velas, barcos, bahía;

cuando un día se sabe que pueda ser distinto
y se enciende la vida mientras amas y mueres,
cuando nada es distinto pero todo se evoca;

cuando se pide a un cuerpo la luz de un laberinto
y naufragan los días sin saber ni quién eres
y me pides silencio con un dedo en la boca.

Javier Egea

como me dejas

¡Cómo me dejas que te pienses!
Pensar en ti no lo hago sólo, yo.
Pensar en ti es tenerte,
como el desnudo cuerpo ante los besos,
toda ante mí, entregada.
Siento cómo te das a mi memoria,
cómo te rindes al pensar ardiente,
tu gran consentimiento en la distancia.
Y más que consentir más que entregarte,
me ayudas, vienes hasta mí, me enseñas
recuerdos en escorzo, me haces señas
con las delicias, vivas, del pasado,
invitándome.
Me dices desde allá
que hagamos lo que quiero
-unirnos- al pensarte.
Y entramos por el beso que me abres,
y pensamos en ti, los dos, yo sólo.
Pedro Salinas (1891-1951)

Poema

Sabe, si alguna vez tus labios rojos
quema invisible atmósfera abrasada,
que el alma que hablar puede con los ojos
también puede besar con la mirada.


¿Cómo vive esa rosa que ha prendido
junto a tu corazón?
Nunca hasta ahora contemplé en la tierra
sobre el volcán la flor.



Mi vida es un erial;
flor que toco se deshoja;
que en mi camino fatal,
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja.

De lo poco en la vida que me resta
diera con gusto los mejores años
por saber lo que a otros
de mí has hablado.
Y esta vida mortal y de la eterna,
lo que me toque, i me toca algo,
por saber lo que a solas
de mí has pensado.

Gustavo Adolfo Bécquer



lunes, 1 de marzo de 2010

Autor:luis llorens torres

S NEGROS

¡Ojos tuyos! Ojos negros, que el amor los enfurece.
Pupilas que se dilatan ante la azul inmensidad.
Astros donde la luz se ennegrece
para que haya estrellas en la claridad.

Viajeros en que el polvo de la Vía Láctea florece,
porque vienen jadeantes de la eternidad.
Cosmos en que a un tiempo amanece y anochece,
violadores de la física de la Divinidad.

Cimas que la seda de los párpados cubre de nieblas.
Noches que son luz anegada en tinieblas.
Días que son tinieblas inundadas de luz.

Ojos que son clavos que en ti me sujetan como en una cruz.
Y ojos consonantes, que al mirarme han rimado
su más dulce y armonioso pareado.

Autor:Federico Garcia Lorca

SI MIS MANOS PUDIERAN DESHOJAR

Yo pronuncio tu nombre
en las noches oscuras,
cuando vienen los astros
a beber en la luna
y duermen los ramajes
de las frondas ocultas.
Y yo me siento hueco
de pasión y de música.
Loco reloj que canta
muertas horas antiguas.

Yo pronuncio tu nombre,
en esta noche oscura,
y tu nombre me suena
más lejano que nunca.
Más lejano que todas las estrellas
y más doliente que la mansa lluvia.

¿Te querré como entonces
alguna vez? ¿Qué culpa
tiene mi corazón?
Si la niebla se esfuma,
¿qué otra pasión me espera?
¿Será tranquila y pura?
¡¡Si mis dedos pudieran
deshojar a la luna!!

Respuesta al poema de la culpa (El otro)



Señor, yo soy el otro que también la quería,
y vengo a confesarme, porque la culpa es mía.
Ella tuvo la gracia fatal de nacer bella:
quien la mira, ya nunca será bueno sin ella.
Me duele soportar que alguno la haya amado,
pero hay cosas tan bellas que no tienen pasado;
y ella sólo mañana dejará de ser pura:
cuando el roce del tiempo desgaste su hermosura.
Ella se me dio toda, como yo me di a ella,
ella me dio su flor y yo le di mi estrella;
porque de su perfume trascendiendo en mi llama,
no quedó un solo beso de los que él me reclama.
Tal vez ella lo quiso, pero él lo dudaría,
si la viera en mis brazos tan felizmente mía.
Si le viera los ojos al sentirse gozada,
cuando todo mi sueño le llena la mirada.
No existe culpa en ella, ni en él, ni en ti Señor;
y si es mía, ¡bendigo la culpa de mi amor!
Hay que ser algo malo si se busca el poder,
que domina la tierra sutil de la mujer.
Ni demasiado malo, ni demasiado bueno,
enfermé, sin morir, de su dulce veneno.
Mi amor es el de un hombre, sencillamente humano,
que sueña de limosna, sin extender la mano.
¡Ah! Pero él se redime, sólo a ti te condena,
él te arroja su amor, para esquivar su pena.
Perdónalo, Señor... Di quién la merecía,
pues yo soy el culpable: ¡la quiero todavía!
autor: Angel Buesa

Autor: jose angel buesa

Respuesta al poema de la culpa (Ella)

Señor, yo no soy digna siquiera de rogarte:

mi corazón ignora la palabra del arte.

Sólo vengo a decirte que no me han comprendido,

porque los hombres hablan con el orgullo herido.

Cubren con bellas frases su más vulgar deseo,

que a veces me turbaron, pero que ya no creo.

Sin embargo, a los dos me di con alegría.

Lo comprendo, Señor: ¡toda la culpa es mía!

En los brazos de uno me entregué plenamente,

y en los del otro... ¿Sabes lo que una mujer siente?

Pregúntale a la Virgen, cuando ella era mujer,

todo lo que nosotras llegamos a querer.

Perdóname la audacia, pero aquella María,

no supo del abrazo viril que me rendía.

No miró aquellos ojos fijos en mi hermosura,

como dedos ardientes sobre mi carne impura.

Y no tembló aquel canto de amor en sus oídos

que pudo abrir en músicas la flor de mis sentidos.

Tú también sabes que el hombre se acerca a la mujer,

ebrio por la promesa de su propio placer.

Pero la mujer llora, se resiste, Señor,

y cuando al fin se ofrece, sueña con el amor.

Pues, mientras en el hombre la vida se hace fuerte,

la mujer se desmaya con un poco de muerte.

Quizás tuve un amante que me sedujo un día,

¡tan malo que, por eso, me gusta todavía!